Los críticos dicen que los biocombustibles pueden encarecer los alimentos y destruir el medio ambiente. Sin embargo, con los cuidados necesarios los brasileños podrían aprovechar el fuerte interés europeo por nuevos proveedores y encabezar la revolución de los renovables vegetales.
Greenpeace y la Comisión Europea de Energía Renovable dio a conocer en enero el informe “Revolución Energética, perspectivas para una energía global sustentable” que propone medidas para disminuir en un 50% las emisiones de gas carbónico (CO2) hasta 2050. El informe vislumbra la posibilidad de cambiar la mitad de la matriz energética volcándola de los combustibles fósiles a los “vegetales” y asegura que tendrán el potencial para mantener el crecimiento económico.
Muchos analistas dicen que los "combustibles vegetales" son el futuro ya que pueden minimizar los efectos del calentamiento global. De hecho, esa matriz energética no trae tan malas consecuencias como los combustibles fósiles. Sin embargo, económicamente parece no ser la mejor opción para los países productores, como Brasil. Por lo menos, esa es la visión del economista brasileño Luiz Carlos de Mendonça de Barros, ex ministro de Comunicaciones y presidente del BNDES durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso.
En entrevista concedida a BBC Brasil, Medonça de Barros, dijo que el “aumento de la utilización del etanol y la consolidación de Brasil como un gran exportador mundial del combustible llevarán el país a un proceso de desindustrialización, con la entrada de gran cantidad de dólares manteniendo el real sobre valorizado y la industria brasileña menos competitiva”.
Para el economista brasileño, “es obvio que eso es una ventaja a ser aprovechada. El problema es que no se podemos quedar eufóricos y olvidar que eso también exige una serie de otras actitudes”. El explica que, por lo menos en Brasil, “lo correcto sería utilizar esos ingresos para incentivar la industria y reducir los impuestos, pero la visión eufórica es utilizar ese dinero en la Bolsa Familia (programa del gobierno brasileño donde cada familia recibe R$ 75, o US$ 36 del Estado, por cada hijo que frecuente la escuela).
Mendonça de Barros calificó como “enfermedad brasileña” a lo que podría ocurrir en Brasil, si la producción de etanol sigue creciendo al ritmo actual, haciendo alusión a lo ocurrido en Holanda, cuando en los años 70, el gas fue el principal producto de exportación del país atrayendo millones de dólares al mercado interno. En ese tiempo, hubo una explosión de las importaciones de otros productos perjudicando la competitividad en la industria local generando la “enfermedad holandesa”.
Sin embargo, esa no es la opinión de Laura Tetti, consultora de Unica (Unión de la Agroindustria de la Caña de São Paulo), que explica de las tierras agrícolas ocupadas de São Paulo la caña de azúcar ocupa el 14% del espacio y es responsable por 50% de los ingresos de la agricultura de ese estado.
Según Tetti, el cultivo de la caña debería crecer un 40% en Brasil hasta 2015. La consultora brasileña explica que la expansión de la caña no será a través de la deforestación de la Amazonia sino que por un recambio de las áreas productivas.
Greenpeace explica a través de su coordinador de campaña en Chile, Samuel Leiva, que el informe no debe ser mal entendido. Para Leiva, el tema de los biocombustíbles es delicado. “El informe no es un incentivo a la deforestación de la Amazonia para expandir las plantaciones para producir etanol”, explica.
Leiva dice que el informe, elaborado junto con la Comisión Europea de Energía Renovable, no solo propone cambio de leyes, sino también cambios estructurales de generación de otras energías renovables.
La consultora Laura Tetti asegura que es necesario una reforma energética que va desde la creación de leyes hasta el mejoramiento de infraestructura, pues la población se distribuye geográficamente donde las líneas de transmisión no tienen capacidad de soportar mas potencia, explica. Según ella, en Brasil, la última mantención de las líneas de transmisión fue hecha hace 15 años, aproximadamente. Por su parte el gobierno brasileño argumenta que el Programa Biodiesel incentiva el cultivo de caña en tierras inadecuadas para alimentos.
Los políticos del Partido Verde Europeo (PVE) iniciaron un movimiento contra la promoción desprotegida de los “combustibles vegetales”. El PVE se basa en informes que indican que procesar y producir combustibles renovables demanda más energía de lo que puede generar.
Otro argumento es que esas plantaciones utilizan mucha agua y presentan muchos problemas ambientales relacionados al uso y al empobrecimiento de la tierra. El vicepresidente del Comité de Agricultura del Parlamento alemán, Friedrich Wilhelm Graefe zu Baringdorf, dijo que “desviar los escasos recursos desde las mesas para los alimentos a los estanques de los autos presionará los precios de los alimentos en todo el mundo. Así los más pobres tendrán aún más hambre
El informe “Revolución Energética, perspectivas para una energía global sustentable” presenta algunas soluciones para que Europa logre sustituir su matriz energética. Una de las opciones es estrechar sus lazos comerciales con Brasil, segundo mayor productor de etanol del mundo, después que el año pasado los Estados Unidos le quitó el liderazgo produciendo etanol a partir del maíz.
La Unión Europea (UE), que no tiene cantidad suficiente de tierra para sembrar, está presionada por cortar los subsidios del azúcar, y hasta 2010 tendrá que importar al menos seis millones de toneladas de etanol para seguir su plan de eficiencia energética.
El plan prevé una aproximación con países en desarrollo tales como Rusia, África, Asia y Brasil. Este último por dominar la más avanzada tecnología de producción de etanol y presentar un gran crecimiento en la producción en los últimos años.
Hasta 2010, la UE adicionaría un 5,75% de etanol para sus vehículos. Eso demandaría 15 millones de toneladas de biocombustíbles, que en términos de ocupación agrícola significan 7 millones de hectáreas, suficientes para producir 8,7 millones de biocombustíbles que atendería un 58% de la necesidad europea. Según el informe, el 42% restante provendría de importaciones de mercados con precios competitivos.
La gran diversidad de opciones para la producción, tales como palma, babasú (o Orbignya phalerata, planta de Amazonia que tiene semillas oleaginosas y comestibles, de donde se obtiene aceite), soja, maní, ricino, girasol, entre otras nuevas fuentes de energía, pone a Brasil como el país con la más avanzada tecnología en desarrollo y producción de los llamados “combustibles vegetales”. Además, el país tiene 100 millones de hectáreas de tierra que aún pueden ser ocupadas.
Brasil tiene lo que busca la Unión Europea. El inicio de la revolución de las energías renovables está en manos del gobierno brasileño. Ahora, es necesario saber si tendrá la misma habilidad con las leyes para conservar su biodiversidad, muy rica en recursos naturales.