Mexico : Ley de bioenergéticos sin combustibles News Actualidade Actualité
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Lider empresarial - Jueves 7 de junio de 2007

México inexorablemente incursiona tardíamente en el escenario mundial de los bioenergéticos, un tema en donde la producción de sus gasolinas le provocarán dolores de cabeza financieros pues no cuenta con recursos monetarios suficientes para implementar tecnología alternativa y el campo se encuentra más que sumido en el abandono y desesperanza de los pocos que lo habitan.

El Senado aprobó el jueves 26 de abril, la Ley de Desarrollo de Bioenergéticos, que surgió de la Cámara Baja en la LIX Legislatura y solo esperaba la aprobación de su colegisladora.

La creación de la ley obedece a diferentes asuntos, en lo interno; la urgente producción de combustibles menos agresivos a la atmósfera y compatibles con el mercado estadounidense –capitulo obligado del TLCAN- a fin de evitar la ostensible polución contaminante y el efecto invernadero, la búsqueda de alternativas energéticas debido al declive en las reservas petroleras, la reingeniería técnico-financiera a las instalaciones de búsqueda, extracción y refinación del petróleo.

En lo externo se busca el cumplimiento internacional al protocolo de Kyoto, acuerdo por cierto firmado por México, y de forma inevitable, una nueva organización del campo a afecto de soportar el embate mundial por la utilización de caña y maíz –entre otros productos- para la producción de etanol, el combustible del futuro, sin afectar los costos de producción de alimentos, permitiendo de manera paralela –cosa casi imposible- hacer rentable el campo.

No es un problema menor este de los combustibles; del 91 por ciento de la energía consumida en el país, 40 por ciento se concentra en el transporte, seguida por la industria que consume el 35 por ciento –y apunta al consumo de gas- mientras que el sector residencial consume 18 por ciento y el restante se distribuye entre el sector agropecuario y el comercio.

Nuevos combustibles menos contaminantes

Desde la década de los años treinta hasta la década de los sesenta, el énfasis de la industria automotriz consistió en elevar la eficiencia térmica de los motores para lograr un mayor aprovechamiento de la energía empleada. Los motores se caracterizaron por detentar mayores relaciones de compresión y ello exigió de la industria petrolera producir gasolinas con números de octano cada vez mayores. En consecuencia, durante esos años se hizo uso extensivo de fuentes económicas de octano, particularmente de tetraetilo de plomo. Asimismo, fue necesario sofisticar la configuración de los procesos de refinación, alejándose cada vez más de la simple destilación del petróleo crudo.

A partir de los años ochenta, los efectos de la combustión sobre el medio ambiente empezaron a cobrar una importancia creciente, hasta entonces difíciles de imaginar. Se procede a eliminar el empleo del plomo como fuente de octano y, más recientemente, en los noventa, las autoridades ambientales tanto en las economías industrializadas como en México, imponen restricciones sobre otros parámetros que contribuyen al deterioro de la calidad del aire.

El año pasado PEMEX a efecto de dar cabal cumplimiento a la norma NOM 086 y sabedor de la proximidad de la Ley de Bioenergéticos, puso en el mercado las nuevas gasolinas, que serán distribuidas por etapas, como es el caso de la gasolina Premium Ultra Baja en Azufre (UBA) lanzada por PEMEX en el año 2006, pretendiendo con ello ir eliminando en un plazo de diez años el 50 por ciento de los contaminantes lanzados a la atmósfera, aunque la distribución del combustibles se ha dado de manera muy incipiente y con las repercusiones de costo para el usuario -5 por ciento de incremento-.

Llegada tarde al etanol

Otro mecanismo inhibidor de la contaminación, es la incorporación de un 6 por ciento de etanol a la gasolina, con la finalidad de sustituir el compuesto denominado MTBE (Metil Terburbutil Éter) que actualmente se utiliza para oxigenar la gasolina pero es altamente contaminante de mantos acuíferos.

Ambas medidas –eliminación de azufre y etanol- presentan severos dolores de cabeza no solo para la paraestatal sino para el mismo estado que sin infraestructura y recursos pretende ya no colocarse a la vanguardia en materia técnico-ambiental, sino dar cumplimiento forzado a compromisos contraídos con anterioridad.

Sin recursos e importando

La producción de gasolina ultra baja en azufre tendrá un costo para PEMEX por el orden de los dos mil millones de dólares, debido a la necesidad de adecuar la seis refinerías con las que cuenta, pues se pretende disminuir 30 veces la cantidad de azufre y junto con ello los parámetros de aromáticos, olefinas y benceno, razón por la cual actualmente importamos gasolinas y es aquí donde radica la gravedad del asunto ya que satisfacer el mercado con las nuevas disposiciones ha costado 3 mil 649 millones de dólares, de ahí el incremento del 5 por ciento al costo de la gasolina PREMIUM.

Pero las cosas son más complejas de lo esperado. Un estudio encargado a la Royal Dutch/Shell sobre el proyecto de reconfiguración de la refinería de Minatitlán concluyó que la “configuración no considera el cumplimiento de las especificaciones con bajo contenido con azufre”, es decir, en buen castellano, jamás se obtendría gasolina UBA, por lo que se incrementará la importación en un 46.7 por ciento.

La conclusión no lleva más que a lo mismo: no se cuenta con la infraestructura suficiente para hacer frente a los retos y desafíos

Los biocombustibles

Como siempre México llega a destiempo a los grandes temas, hace 30 años, el gobierno brasileño con el irrestricto apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), resolvió impulsar un programa para obtener combustible a partir de la caña de azúcar. Se le llamó Pro-Alcohol y buscaba superar los problemas que se presentaron en dicho país por la crisis energética mundial que comenzó en 1973.

El nuevo combustible, el etanol, era menos contaminante que los tradicionales y causaba menos daños a la salud de la población.

En términos económicos mostró que podía ayudar a resolver la falta de hidrocarburos y evitar el aumento excesivo del precio de los mismos. El programa fue apoyado por los hacendados dueños de ingenios azucareros y grupos industriales vinculados a la industria automotriz.

Actualmente Brasil domina el mercado latinoamericano del etanol con 376 plantas en operación y en proceso de construcción otras 38; cuentan con una producción anual de 4 mil 800 millones de galones y agregarán en este año 800 millones de galones al año, cantidad ciertamente superior a la producción de Estados Unidos que es de 5 mil millones de galones al año.

Después de tres décadas la producción de etanol se vino abajo por cuestiones de mercado, concretamente por el aumento que registró el precio internacional del azúcar. El gobierno de Brasil no pudo convencer ni obligar a los dueños de los complejos agroazucareros a seguir elaborando etanol. Prefirieron obtener dulce para la exportación al no haber políticas oficiales para respaldar las exigencias de combustible de los millones que poseían unidades automotrices movidas con base en el nuevo energético, el cual aumentó de precio y no compitió favorablemente con los hidrocarburos.

Por lo anterior, el gobierno brasileño tomó la decisión de impulsar la política de doble energía automotriz, que permitía a las nuevas unidades contar con sistemas para utilizar etanol e hidrocarburos, el resultado: la tecnología Flex-fuel que permite a los vehículos funcionar con gasolina, etanol o la mezcla de ambos, por lo que el éxito fue inmediato.

Los nulos apoyos

Mientras que en Estados Unidos Chrysler acaba de anunciar que producirá a partir del 2008 unos 500 mil vehículos al año que se moverán con dicho energético -etanol-, en México no está interesada la Volkswagen, que elabora en Brasil con gran éxito vehículos para dicha tecnología.

El etanol es apenas una referencia en México, no existe apoyo oficial y sí falta de visión de los dueños de los ingenios y de las empresas automotrices para producir unidades de doble uso energético. México suma escasos 19 proyectos de construcción de plantas productoras de etanol; 2 de ellas próximas a operar y 17 proyectos por arrancar.

Mexstarch iniciará a finales del 2007 con una capacidad de 15 millones de galones, mientras que la planta de Zucarmex, ubicada en Sinaloa, producirá el doble a partir de mediados del 2008.

¿Podrá un decreto reconvertir el campo, reestructurar PEMEX y adquirir tecnología que sustituya a la del Petróleo cuando los intereses particulares superan los públicos? El tiempo lo dirá.